Narcos

El Terrer

El terruño es, básicamente el sol donde se cría la viña y las influencias que inciden: sol, clima, altura y manejo.

Panal

Los suelos en la Terra Alta suelen ser franco- limosos entre neutros y ligeramente alcalinos y con poca cantidad de materia orgánica, el tipo más representativo de este sol es el que denominamos aquí «panal».

Lo panal es una tierra con más predominio de arena que de arcilla, resiste muy bien la compactación y tiene una gran capacidad de retener la humedad necesaria para el desarrollo de la planta, permitiéndole llegar a la maduración sin excesivos problemas de agotamiento.

Clima

Otra de las características de la comarca que dan personalidad a nuestros vinos, es el régimen de vientos, básicamente 2 y muy muy definidos: el cierzo y el garbí. Por otro lado, la pluviometría también condiciona enormemente los vinos de la Terra Alta.

El primero el cierzo, viento terral del noroeste que baja por el valle del Ebro, seco y frío en invierno, en la primavera nos hace de protector natural contra las heladas (cuando bufa, y suele soplar a menudo, difícilmente bajamos por debajo de 0°).

También, y a causa de su carencia de humedad nos hace de inhibidor del mildiu y otras enfermedades fúngicas.

De origen marino y que sube de sudeste, es un viento húmedo que en verano, suele soplar por la tarde y noche y permite la hidratación de la planta después de los días calurosos.

Normalmente escasa (de 300 a 400 L/m²).

Altura

Batea se eleva 382 metros sobre el nivel del mar.

Manejo

Por último, el manejo por parte del viticultor es fundamental para tener el que denominamos TERRUÑO.

A Celler Arrufí después de décadas de cultivo tradicional, nos dimos cuenta que este sistema nos causaba muchos problemas, compactaciones, desequilibrios al sol, resistencia a las plagas, reducción de la vida de la viña. Así, fue el 2009 cuando decidimos cambiar el tipo de cultivo y meter toda la explotación ecológica.

Los comienzos fueron difíciles, más que nada por la incertidumbre del que podía pasar, pero el primer año ya vimos que lo habíamos acertado. Ahora, once años después no pueden concebir otra forma de cultivo. Las mejoras han sido tangibles y notables.

Hemos mejorado la conductividad y la microbiota del sol, hemos dejado de usar adobados químicos, hemos dejado de utilizar fungicidas y herbicidas de síntesis. En resumen, al mejorar la calidad del sol, la salud de la viña se ha visto revitalizada y empezamos a estar convencidos de que alargamos la vida de la planta.